19/1/12

Ataque de empatía


Algo raro debí cenar anoche ya que hoy llevo todo el día con un ataque agudo de empatía y lo estoy pasando de pena. Lo noté por la mañana al levantar la persiana y ver a un señor cojeando apoyado en un bastón. Pensé, pobre hombre, pasarse la vida así. Y fui al baño imaginándome con muletas. ¿Cómo sería la vida si me faltara un pié?

Normalmente, por la mañana, miro pero no veo hasta una hora después de despertarme. Hoy ha sido distinto. Todo el rato poniéndome en el lugar de los demás. Pasa un padre intentando arrastrar al colegio a tres chavales medio dormidos y casi tapados por sus mochilas y pienso, este lleva despierto desde las seis, y lo que le queda. Ahora tiene que coger el metro, pasarse diez horas revisando facturas, volverá a casa medio muerto y todavía tiene que bañarlos y darles la cena porque su mujer está de guardia.

Pasa una chica corriendo para no perder el autobús y pienso, pobrecilla, está asustada porque en su empresa andan despidiendo gente y no quiere llegar tarde. Además ha discutido con su novio y está triste. Hoy casi no ha dormido. Un repartidor de bollería carga con un montón de paquetes y me lo imagino en un atasco toda la mañana. Un señor lleva una bolsa de deportes y pienso que su médico le tiene asustado por el colesterol. Ese otro va al dentista.

He tenido incluso que apagar la televisión porque veo el barco medio hundido en Italia y me pongo en el lugar de los pobres pasajeros luchando por salir. Si sale un nuevo descubrimiento médico me imagino lo que siente el paciente en el que lo están experimentando. Si sale la exposición de un pintor me pongo en su lugar al ver que nadie compra nada. Y así con todo.

Y por la calle es peor. Hoy solo me encuentro con personas que llevan en la cara la huella de sus desgracias. ¿Dónde está la gente feliz? Desde luego no en el banco, ni en el gimnasio. Tampoco los encuentro en la frutería. ¿Es que son todos de izquierdas? ¿Todos?

Pero es que me está pasando también con la comida y me dan pena las sardinas y las vacas. De momento no me pongo en el lugar de las verduras pero, a este paso, me veo llorando al imaginar el sufrimiento de una lechuga que estaba tan contenta en su huerto hasta que llegó un malvado agricultor y le rebanó el pescuezo. Espero que se me pase con la siesta ya que, si no, voy a tener que ir a que me lo miren.


1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Existe la empatia de cosas agradables o de personas felices o de gente que le toque el euromillón etc?